El hombre debe fijar un final para la guerra, sino la guerra fijará un final para el hombre.
A día de hoy, 30 de Enero de 2013, día mundial de la paz, me doy cuenta del verdadero ridículo que se intenta demostrar en este día, en esta ''tradición'' que se lleva desde hace mucho tiempo. Las personas forman campañas, huelgas, hacen pancartas y muchas cosas más para conseguir una solidaridad que hoy día no se puede obtener.
Probablemente exista una tercera guerra mundial. Está claro que actualmente ya hay guerras en determinadas zonas del mundo por el conflicto de conseguir metales precioso, explotaciones mineras e incluso por venganza.
Las palabras de este día no tendrán efecto alguno sobre esas guerras, quien nace fiera se convierte en una bestia insaciable, personas enfermas que no tienen esa capacidad para razonar y pensar las cosas, que seguirán vengándose de todo aquel por el cual se sienta amenazado. Todas las palabras de hoy se desperdician en solo lo que son, simples palabras, en vez de aprovechar nuestras vidas con actos que puedan hacer algo ya se insignificante para hacer algo al respecto de esas palabras sin sentido. Hablar es fácil, actuar, para muchos, difícil. La razón hace la verdadera sociedad, no la codicia ni la sed de venganza.
La paz personal, conocida como tranquilidad y relajación propia, está bien para quien quiera disfrutar de dicha tranquilidad y relajación temporal. En cambio, la paz mundial la considero un hecho muy improbable, por no decir imposible, pienso que para que haya paz en el mundo y plena tranquilidad tendría que desaparecer la raza humana del planeta, sin nadie que pueda perturbar esta paz, ni nadie que pueda sentir ningún tipo de emoción, ni amar, ni odiar, toda la naturaleza siguiendo el curso de la vida hasta su fin.
En resumen, dado el patético día de hoy de manifestaciones y todo el tiempo desperdiciado cuando el problema no es la sociedad, el problema es tener que aceptar un hecho sin probabilidad de cumplirse.
De todo modos si ocurre una desgracia no debemos tener miedo a la muerta, ya que si morimos no podremos arrepentirnos de ello.



